miércoles, 14 de diciembre de 2011

EL VIRREY


En San Cosme muchas veces escuchamos las historias, de boca del Sr Cura, y de nuestros amigos, acerca del Virrey, que aparecía en la casa parroquial y caminaba rumbo al presbiterio. Vestido a la usanza española antigua, dirigía sus pasos al lugar en donde conocíamos se encuentra su sepulcro. Alguna vez, jugando ping-pong en nuestro salón, los amigos que nos encontrábamos ahí, escuchamos unos pasos que se dirigían a nosotros, pero no llegaba nadie, no había nadie, y se lo atribuíamos al Virrey. Susto tras Susto. El cuadro del monje franciscano, cuyos ojos brillaban al fondo de su capucha y era lo único que podía apreciarse de su cara y que alguna vez vieron deambular también por los pasillos. ¡Chácharas! Gritaba el ¡"Chacharitas”, personaje en la parroquia en aquellos años, a quien el padre permitía habitar un cuartito en la casa parroquial y quien, bajo el efecto hetílico de su agua bendita también nos platicaba haber visto al Virrey.
El 27 de septiembre, fiesta de los Santos Cosme y Damián, se organizaban las kermeses y participábamos poniendo los puestos que nos prestaba el Pato Pascual y en los puestos de juegos, gelatinas, raspados, -una vez, de colores raros, azul, morado, verde, que tuvieron mucho éxito a pesar del frío que hacía- el grupo de señoras con la tómbola y los pasteles, las madres del Verbo Encarnado con el comedor en el claustro, ofreciendo pozole, mole y otros antojos, mis papás, en el registro civil, -ahí me casaron con Carmen, y treinta y tantos años después, a la fecha seguimos disfrutando aquella unión- la cárcel, en donde una vez pusimos al “pelochas”, cráneo que rescatamos de los restos humanos que se exhumaron en las reformas del templo.¡Qué recuerdos!
Pero ¿quién mejor que Alberto Barranco para hacernos éstas remembranzas? Aquí les presento la segunda parte de
 
Ciudad de la Nostalgia/ Historias de San Rafael
Segunda parte

Por 

Alberto Barranco Chavarría

Y dicen que a Don Domingo de Cantabrana lo sorprendió una terrible tormenta a la mitad del camino hacia Tacuba, buscando refugio en el convento, y "siendo obsequiado por los religiosos durante la noche, con los agasajos que su pobreza les permitía dar".
Tan profunda fue su gratitud, que de su peculio salió el costo de la iglesia, sin exigir el patronato correspondiente, en lo que al amanecer de la Nueva España había sido hospital de indios forasteros, atendido por los franciscanos recoletos de la reforma de San Pedro Alcántara, y más tarde el convento de los Descalzos Viejos.
La obra, cuya primera piedra colocara el arzobispo Payo Enriquez de Rivera, duró dos años y cuatro meses.
La consagración llegó el 13 de enero de 1675.
En el presbiterio de la hoy parroquia de San Cosme y San Damián, eje, referencia, signo urbano del barrio que lleva el mismo nombre ("La parte más amena, más saludable y agradable de la ciudad", escribiría Manuel Ramírez Aparicio en su obra "Los conventos suprimidos en México"), y de la colonia San Rafael, estuvo alguna vez el sepulcro del Virrey Marqués de Casafuerte y Caballero de la Orden de Santiago, Juan de Acuña.
A la muerte, por problemas de gota, del hombre al que el pueblo bautizara como Gran Gobernador, se ordenó disparar los cañones cada 15 minutos, hasta totalizar 467 truenos. Y cada media hora las campanas todas repicaban a duelo. Y en toda Nueva España se celebraron 400 misas. Y 180 cofradías fueron a la procesión del cadáver...

Y aunque la procesión de locatarios del mercado llegaba cada 27 de septiembre, fiesta de los santos Cosme y Damián, con mariachis, estandartes y porras al calce. Y aunque las posadas se vivían al calor de las letanías, el olor de los tejocotes y las piñatas rellenas de zapotes. Y aunque en la festividad del Santo Cura de Ars, el párroco José Fidel Quintana convocaba a los ricos más ricos de la colonia a comer en el átrio con los pobres más pobres...
...la página más colorida de la iglesia eran sus kermesses, a las que no faltaba la tómbola, el pozole, las enchiladas de mole, las naranjas con chile piquín; el tiro al blanco con dardos; la capirotada, el atole champurrado, las quesadillas de flor de calabaza; los huevos con confeti, los pollitos vivos, el registro civil...y la cárcel para los reacios a casarse.

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